Andesita no bombea el agua: la deja caer. Todo lo demás —dónde se duerme, dónde se come, por dónde se camina— se dibujó después, siguiendo su recorrido.
Cuatro reglas que el edificio cumple
64 m
Gravedad
Del ojo al río hay sesenta y cuatro metros de desnivel. El agua los recorre sola, por un canal de piedra: no hay una sola bomba en el hotel.
68 → 9
Enfriamiento
En cada escalón el agua pierde grados. Por eso cada pileta, cada suite y cada plato de la cocina tienen su temperatura, y por eso están donde están.
0 km
Piedra
Los muros son de andesita sacada del propio terreno; el hormigón lleva su árido. Con la humedad, todo el edificio se oscurece un tono.
23 h
Noche
A las once se apagan todas las luces exteriores. El valle no tiene pueblos cerca: de noche, la única luz es la del cielo y la de las ventanas.
Un refugio de piedra y lo que vino después
Antes del hotel había solo un refugio de arrieros: cuatro muros de piedra seca, un techo de lajas y una chimenea, a veinte pasos del ojo de agua. Quien cruzaba el valle se detenía ahí a calentarse las manos en el manantial.
Ese refugio sigue en pie y es la llegada: la recepción, la biblioteca y la sala de la chimenea. Todo lo nuevo se construyó más abajo, sin tocarlo, y sin competir con él.
La arquitectura nueva no tiene fachada principal. Son muros largos de hormigón con árido de andesita, paralelos a la pendiente, que encauzan el agua y la reparten: entre dos muros hay una pileta; detrás de un muro, una suite. Visto desde el cráter, el hotel es un dibujo de líneas que bajan hacia el río.
El refugio, el valle y el hotel son ficticios. Las fotografías muestran lugares reales que no tienen relación con Andesita.
Cuatro materiales, ninguno traído de lejos
Andesita
Muros, suelos de las piletas, bancos de la cámara de vapor
Hormigón de árido volcánico
Los muros nuevos que conducen el agua; el canal de la pileta larga
Lenga
Ventanas, cabeceros y la barra del bar
Lana
Mantas, alfombras y el fieltro de las puertas, sin teñir
El plano del agua
Todo está donde está por el agua: de arriba a la izquierda, el manantial; abajo a la derecha, el río. Elige un espacio en el plano o en la lista.
Desliza el plano para verlo entero.
Espacios del hotel, de la cota más alta a la más baja
Agua y vapor
Fumarola
Cota
1.914 m
Vapor
92 °C
Horario de referencia
Visible desde la pasarela a toda hora
Una grieta en la roca suelta vapor todo el año. No se visita de cerca: una pasarela de piedra se detiene a doce metros. Dos conductos de acero llevan ese vapor a la cocina y a la cámara de vapor, sin quemar nada.
Es el origen de todo el hotel: un ojo de agua que burbujea entre rocas redondeadas. Nadie se baña aquí; el agua está demasiado caliente. Una compuerta de piedra la mezcla con agua de deshielo y la deja caer, por gravedad, hacia las piletas.
La única construcción que ya estaba: un refugio de arrieros de muros gruesos, junto al manantial. Hoy es la llegada, la biblioteca y la sala de la chimenea. Desde aquí sale el sendero al borde del cráter.
Desayuno, almuerzo y cena (horarios de referencia en Cocina)
La cocina está al lado de la fumarola para no perder calor por el camino. Cámaras de vapor a 92 °C, una pileta de agua del ojo a 68 °C para huevos y caldos, y un fuego de leña para lo que pide brasa. Doce mesas y una mesa larga dentro de la cocina.
Una barra de piedra oscura y un fuego en el centro. De noche se apagan las luces exteriores y la terraza queda mirando el volcán. Infusiones de altura, vinos de la cordillera y nada de música de fondo.
Las suites más altas. Están sobre la cornisa del flanco este, de cara al valle entero. Cada una tiene una bañera de piedra que se llena con agua del ojo templada a 40 °C.
El agua llega aquí recién mezclada, a 42 °C. Es una pileta pequeña, de bordes anchos para sentarse fuera entre inmersión e inmersión. Se recomiendan diez minutos seguidos como máximo.
Una sala abovedada, revestida de piedra, con bancos a dos alturas. El vapor llega de la fumarola por un conducto y se condensa en las paredes. Sesiones de quince minutos, solo adultos.
Aquí el agua ya ha perdido cuatro grados. Es la pileta más grande y la más quieta: bordes bajos, una losa sumergida para recostarse y nada de reloj. Se puede leer, hablar en voz baja o no hacer nada.
Una derivación del canal pasa por cada terraza y llena una pileta privada que nunca se vacía: el agua entra a 38 °C y sale hacia la pileta larga. Se oye caer el agua toda la noche.
El agua recorre un canal de piedra de cuarenta metros entre dos muros bajos. A 34 °C ya se puede nadar. Es la única pileta abierta a niños, con horario propio.
Antes de llegar al río, el agua pasa bajo las terrazas de la huerta y templa la tierra. Así crecen verduras de hoja a 1.866 metros incluso en invierno. La cocina sube a buscarlas cada mañana.
La parte más baja del hotel. Una casa de dos dormitorios con sala y chimenea, una tina de madera a 36 °C y una escalera de piedra que baja directamente a la poza del río.
El agua termal termina aquí, en un río de deshielo. Una poza entre piedras redondas permite un baño corto y frío después de las piletas calientes. En invierno, siempre con alguien del equipo.